Ruptura
prematura de membranas
Se denomina ruptura prematura de membranas a la salida de líquido
amniótico por la vagina antes de que haya dado comienzo el trabajo
de parto. Las membranas o fuente representan el saco que rodea al bebé
durante todo el embarazo manteniéndolo aislado de los microorganismos.
De tal manera que la gestación del bebé se lleva a cabo
en un medio estéril. (Ver: Ruptura
del saco amniótico o fuente).
Si
la ruptura de membranas se origina antes de la semana 20 se denomina
aborto inevitable.
El
riesgo principal de la ruptura de membranas es la infección en
la mamá y en el bebé.
Se
considera que después de ocho horas de rotas las membranas la
cavidad amniótica que contiene al bebé tiene el potencial
de estar ya infectada. Por supuesto, conforme el tiempo entre la ruptura
y el nacimiento sea mayor, mayores serán las posibilidades de
infección.
Es
importante diferenciar si la ruptura de membranas se presenta después
de las 36 semanas o antes. Después de las 36 semanas el bebé
no se considera prematuro y la conducta a seguir es el nacimiento.
La
vía del nacimiento (parto o cesárea) estará determinada
por las condiciones del cuello de la matriz y el tiempo de ruptura.
Si las condiciones del cuello permiten una inducción del trabajo
de parto y no han pasado más de ocho horas de la ruptura la vía
de nacimiento puede ser la natural. Si, por el contrario, el cuello
no está apto para inducir la aparición de contracciones
y han pasado más de ocho horas de la ruptura, muy probablemente
el ginecólogo opte por la realización de una cesárea.
Si
ya se han cumplido las ocho horas de la ruptura, el doctor iniciará
un tratamiento con antibióticos con la finalidad de que ni la
mamá ni el bebé se infecten.
Cuando
la ruptura de membranas ocurre antes de las 36 semanas se le presenta
al ginecólogo un gran dilema. Existe, por un lado, el riesgo
de infección y, por el otro, el riesgo de un bebé
prematuro que no ha completado aún la maduración de
algunos de sus órganos, entre ellos el pulmón, fundamental
para la adecuada adaptación del bebé al medio exterior.
Existen
dos opciones de manejo para esta circunstancia, cada doctor determinará,
dependiendo de las características individuales de cada caso,
cuál será la más adecuada tanto para el bebé
como para la mamá.
Una
opción es el llamado manejo intervencionista. En este tipo de
manejo se contempla la interrupción del embarazo a corto plazo,
él bebé se mantiene dentro de su madre sólo el
tiempo necesario para que, con medicamentos, se acelere la maduración
de su pulmón (48 horas). Se indican además antibióticos
para evitar el riesgo de infección.
La
otra opción está representada por un manejo conservador.
La mamá se hospitaliza y se pone en reposo absoluto en cama.
Cada cuatro horas se deberá registrar la temperatura y la frecuencia
cardiaca, y todos los días se realizarán exámenes
de laboratorio. De esta manera se vigila que no se desarrolle una infección.
Se vigila también estrechamente la frecuencia cardiaca del bebé
ya que la ruptura condiciona la aparición de oligohidramnios
y por lo tanto, el riesgo de compresión del cordón umbilical.
Se dan también medicamentos que ayudan a madurar el pulmón
del bebé pero no antibióticos. Si la infección
no se presenta, se espera que con el paso de los días el bebé
complete su maduración, gane peso y su adaptación al medio
externo sea más favorable.
Si
existe evidencia de que se ha desarrollado una infección, el
embarazo se interrumpe inmediatamente.
La
presencia de infecciones a nivel vaginal y urinario y el crecimiento
en exceso de la matriz, como ocurre en los embarazos
múltiples y ante la presencia de un polihidramnios,
son condicionantes de una ruptura prematura de membranas.
La
frecuencia de presentación de la ruptura de membranas es variable,
pero se estima un valor de alrededor del 3% de todos lo embarazos. En
30% de los bebés que nacen prematuros,
la causa es la ruptura de membranas.