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OBJETO TRANSICIONAL

 

Objeto transicional


Es de lo más común encontrar a niños en el jardín de niños que acuden a clases llevando consigo una mantita vieja, un chupón, un peluche o algún juguete del cual les es imposible desprenderse. Angustiadas las mamás se preguntan por qué ese apego a un objeto llegando a extremos de no querer dejarlo ni siquiera para que sea lavado. Se preguntan si el portar dicho juguete representa inestabilidad emocional, fragilidad de carácter o simplemente miedo, porque este tipo de conductas no son muy bien aceptadas en nuestra sociedad. Resulta que a esto se le llama objeto transicional. Seis de cada diez niños tienen o han tenido alguno.

Estos objetos ayudan al niño a pasar por el drástico cambio de dejar de ser bebés para convertirse en niños independientes, son una parte completamente normal de su desarrollo. En su mayoría son objetos, pero algunos niños toman hábitos en este mismo contexto, se agarran constantemente el pelo o la oreja, se arrullan ellos mismos para dormir, etcétera.

Piaget dice que la permanencia del objeto es muy pobre en el niño. De recién nacido lo que no ve no existe, y al perder un juguete pierde el interés por él pues no lo busca. A los dos meses aproximadamente ya busca un objeto parcialmente oculto y así va avanzando hasta llegar a los ocho meses de edad cuando busca algo que le escondes pues ya entiende que éste sigue existiendo aunque no pueda verlo. Así empiezan los juegos de constatación de permanencia del objeto y cantas: "¿dónde está Bernardo, dónde, dónde? para descubrir uno de los cuadros más bellos de la infancia: un pequeño tapándose los ojos pensando que nadie lo ve.

En esta evolución el pequeño se topa con algunos cambios importantes, como la entrada al jardín de niños, y el objeto que desaparece de su vista, por primera vez quizás, es su mamá. Ahí viene la angustia de separación que se originó a los ocho meses y que se recrudece al pensar que ha sido abandonado para siempre. En su desconsuelo el bebé se aferra a algo material que representa para él a su mamá, o bien, al adulto que ha estado a su cargo. El niño se aferra a un objeto que representa para él su seguridad y la intensidad con la que lo busque dependerá de la dificultad de la situación con la que se enfrente. Brazelton menciona que a pesar de parecer un problema para muchos, es una bendición y un recurso que nos puede ayudar a tranquilizar al niño y, bien utilizado, a establecer una comunicación con él en situaciones difíciles.

¿Debes permitirlo?

Desde luego que sí, pero es importante que tú no caigas en una dependencia terrible al objeto, al grado de pensar que no va a dormirse en todas las vacaciones porque olvidaste al "osito viejo". Cuando esto suceda debes explicarle que lo dejaron en casa y que no pasará nada, decirle que te tiene a ti por si necesita algo.

En la mayoría de los jardines de niños permiten que se lleven a clases dichos objetos, cuya importancia va pasando con el tiempo hasta que un día dejan de llevarlos. Si los prohibieran estarían reprimiendo los sentimientos del niño. Lo que es muy importante es poner en palabras de tu hijo lo que él aún no puede hacer: "yo sé que este chupón roto es muy importante para ti", "vamos a poner tu juguete en un lugar seguro donde puedas verlo mientras trabajas", "a la salida podrás volver a llevarte tu mantita a casa, yo no quiero quedarme con ella".Lo mismo debe suceder en casa, si intentas prohibir su uso puedes provocar que el niño se aferre aún más.

¿Cuánto durará esta etapa?

Los objetos de transición aparecen por lo general un poco antes de cumplir el año y el tiempo que los conservan es muy variable, ya que depende del tratamiento que le des y de la situación particular que viva el pequeño. Por supuesto que existen adultos que conservan este tipo de objetos o inclusive que se siguen chupando el dedo pulgar, eso no debe preocuparte por ahora, ya que como en muchas etapas de su desarrollo debes tomarlo con calma y darle su tiempo.

Es común que el apego a un objeto de transición vaya de la mano con la ansiedad por la separación o mamitis, y el primero puede ser de gran ayuda para superar el segundo. Es muy importante que para ayudarlo le des todo tu amor y te dediques a fortalecer su confianza, ya que de esto depende la seguridad que tenga en un futuro y la que le permita, entre los dos y los tres años y medio, no necesitar ya de objetos para sentirse bien.

¿Cómo aliviar su angustia?

Puedes hablar mucho con tu hijo verbalizando lo que siente y dándole la seguridad de que estará bien; por ejemplo: "yo sé que me vas a extrañar en la escuela pero yo estaré por ti a la salida y te daré un gran beso. Si quieres llevar tu frazada puedes hacerlo".

También puedes cambiar el objeto transicional frecuentemente para que no haya tanto apego a uno solo. Una buena idea es que le des algo tuyo cuando vas a salir y él se quedará al cuidado de otra persona. Lo importante es que sepa que volverás y que siempre le hables con la verdad acerca de la hora en que regresarás para que así crea en ti y disminuya su miedo a ser abandonado.

Ayuda mucho a los niños conservar parte del contacto físico (abrazos y apapachos) que tenían de bebés y tener privilegios reales de niños grandes que les hagan sentir que toda la presión que traen encima sirve de algo.

¿Cómo retirar el objeto transicional?

Para "desaparecerlo" se debe seguir un proceso de convencimiento, no antes de que el niño haya superado la mamitis y cuando ya sea capaz de comunicarse claramente y de entender las ventajas que conseguirá al dejarlo.

Brazelton recomienda que en un principio se reduzca su uso, por ejemplo: sólo en su cuna para la hora de dormir y en casos muy especiales, en que estará bajo presión, permitirle llevarlo. Después de esto, es una buena idea que se haga un ritual de desprendimiento en una fecha especial, lo cual puede suceder entre los dos y lo tres años y medio, dependiendo de la madurez del niño.

En la educación de tu hijo hay muchas cosas que a él le costará entender, y es muy importante que le pidas que confíe en ti, que lo que tú hagas o le pidas a él sea motivado siempre por el amor. Lo mejor es que seas paciente y respetes sus sentimientos, pues su miedo, aunque a ti te parezca infundado, para él es real.






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